Sobre la Biblioteca del ISSSTE

Carlos Monsiváis
romover la lectura en este momento es la más victoriosa y ejemplar de las causas perdidas. Sí, ya sabemos: la televisión sólo termina cuando comienza el sueño a fuerzas, el analfabetismo funcional es la alianza secreta (y no tanto) de la república, un profesionista típico es aquél que el día de su examen profesional cancela para siempre sus esfuerzos de lectura, y así sucesivamente. Pero también estamos al tanto de lo demás: hay un momento de todas las personas en que las revelaciones de lectura le dan otro sentido a la expresión "vida espiritual"; para muchísimos niños, adolescentes y jóvenes leer es el equivalente de mudar venturosamente de realidad (la cita del centenario de Borges: "No vivo para leer, leo para vivir") y hoy, cuando gracias al Internet se lee por doquier muchísimo más, es hora de impulsar el paso de los fragmentos (los artículos y los ensayos) a las totalidades (los libros). En materia de dotación del lenguaje que civiliza, unifica y desarrolla la imaginación no hay todavía un sustituto para esos objetos del conocimiento.

El ISSSTE ha considerado su obligación proveer a sus afiliados, y a un sector del público, de una biblioteca de escritores mexicanos que inicien o fortalezcan el diálogo de una literatura con su comunidad original. Buena factura, precios muy accesibles, selección generosa, toma de decisión de los propios autores en cuanto al material que se publica, tiraje importante, distribución en ámbitos por lo común inaccesibles a los autores… Las ventajas son ostensibles, y la mayor de ella es el desafío amistoso: persuadir de los estímulos localizables en libros y autores a quienes de otro modo estarían probablemente lejos de su alcance y de su interés. El desafío está en pie y el resultado será importante, al añadir de un lado y otro entusiastas y entusiasmos.

Nadie sensatamente alabará los méritos de una literatura por su característica nacional; nadie, tampoco, rebajará sus calidades posibles por la misma razón. Con su Biblioteca el ISSSTE no se propone animar chauvinismo alguno, sino desplegar las posibilidades de instrucción y regocijo que no dejan ver los aparatos de publicidad y el vértigo bibliográfico. Las demasiadas ofertas que pasan con rapidez y los productos rodeados del fulgor de los cien mil anuncios no permiten fijar la atención, y luego no hay tiempo o no hay hábito de búsqueda en librerías o no hay recomendaciones de amigo. La Biblioteca del ISSSTE se hace cargo de los requisitos informativos y propone, sencilla y llanamente, unos títulos que un comité de selección avala. Y a quienes tomen en cuenta los ofrecimientos les toca difundir sus aprobaciones. Esta es la publicidad que importa: la que va de un lector conmovido a un lector probable y curioso. Y a esta cadena infinita de transmisión del gusto literario la Biblioteca del ISSSTE contribuye valiosa y solidariamente.