Agresiones en el hogar: un largo andar por el "poder" y sus ilegales manifestaciones

Al sexo femenino se le considera subordinado y dependiente, mientras el masculino se convierte en el sexo dominante

Bertha Boschetti Fentanes
a violencia, comportamiento tan antiguo como la humanidad y que implica un grave riesgo para la salud, tiene un alto rango de prevalencia en la población, en la que se acrecienta cada día. Las explicaciones de este fenómeno, que ocurre con mayor frecuencia dentro de la familia, son múltiples, pues sus dimensiones incluyen aspectos biológicos, psicológicos, socioeconómicos, culturales y de aprendizaje.

El origen y la conformación de la violencia -cuya intención es controlar a alguien- residen en el poder y sus manifestaciones. Esta agresión causante de daño físico o psicológico surge por la conjunción o la combinación de elementos como los factores propiciatorios y el impulso agresor (energía negativa compuesta por creencias, valores y prejuicios adquiridos durante la socialización primaria, los cuales se utilizan para justificar el ejercicio de la violencia e inculcar a la víctima sentimientos de culpa).

Resulta común que el agresor intente devaluar a la víctima con la disminución de la autoestima de ésta mediante los más variados argumentos y aspectos relativos al sexo, el estatus socioeconómico, la herencia, el nivel educativo, la etnia, etcétera. Los factores propiciatorios suelen ser igualmente diversos, como la situación propicia, el empleo de estimulantes como las drogas o el alcohol, la posesión de armas de fuego y las relaciones familiares. Estas circunstancias desinhiben al agresor por encontrarse en un ambiente aislado y con la indefensión de la víctima y la impunidad de que generalmente gozan quienes cometen estos actos. El poder del agresor se sustenta en tres pilares: la pasividad, la dependencia de la persona sometida y la posición de poder o prestigio de aquél, quien legítimamente o no detenta el poder y lo impone sobre los débiles.

Las primeras y principales víctimas son las mujeres, los niños, los ancianos y los minusválidos.
La violencia hacia las féminas, más frecuente dentro del hogar, está constituida por factores sociopolítico-culturales. Abarca muy diversos ámbitos, como el educativo, el económico, el laboral y el familiar. Está construida sobre una base biológica "patriarcal", la cual, por absurdo que parezca, parte de la premisa de que ninguna mujer merece respetarse a sí misma y, por tanto, el hombre se siente autorizado a agredirla. Entre los efectos de este criterio se cuenta el trato a la mujer como un objeto, lo que se percibe con claridad en la imagen femenina en actividades como la pornografía y la prostitución y las violaciones, con toda la carga de violencia que esto implica. Ideológicamente desde esta perspectiva se fomenta el ejercicio del poder para reafirmar la supremacía masculina, lo cual origina dobles códigos morales, uno masculino y otro femenino.

Al sexo femenino se le considera subordinado y dependiente, mientras el masculino se convierte en el sexo dominante. En el ámbito laboral la mujer sólo puede aspirar a niveles modestos y a percepciones y remuneraciones menores que las de los hombres, con mínimas oportunidades de superarse. No es raro entonces, dada su condición de inferioridad, que no se le respete y se vea obligada a soportar el hostigamiento sexual por parte de jefes y compañeros.

La violencia contra la mujer está construida sobre una base biológica "patriarcal"; parte de la premisa de que ninguna mujer merece respetarse a sí misma y, por tanto, el hombre se siente autorizado a agredirla.

Los niños aprenden que la violencia es un medio permitido para afirmar el poder y resolver los conflictos. Las mujeres, a través de sus funciones como madres, esposas y suegras, contribuyen a perpetuar la violencia al socializar a los infantes, hombres y mujeres, en una evidente tolerancia del poder masculino y las diferentes formas prácticas que adopta. Las mujeres como madres enseñan a sus hijas a admitir roles que las colocan en condiciones de sumisión y de dependencia y castigan toda conducta "desviada" para asegurar la aceptación social y sexual de las niñas.

La violencia existe asimismo en el ámbito escolar, como método para corregir la conducta o cuando el niño presenta alguna dificultad de aprendizaje. Puede ir desde la violencia psicológica hasta la violencia física, ejercida por los maestros y en ocasiones por los compañeros.

Durante años estas expresiones de violencia no fueron calificadas como un tema de interés público, sino formas de comportamiento habituales dentro de la familia y la sociedad. En los últimos tiempos los organismos internacionales, junto con las organizaciones no gubernamentales, han luchado por la defensa y la atención de las víctimas de la violencia intrafamiliar y por la promoción de normas que garanticen los derechos de mujeres y niños a no padecer ningún tipo de violencia, además de llevar a cabo campañas de concientización social para que este problema sea abordado en su justa dimensión.

La Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) ha participado al buscar la dilución de este grave problema. La acción inicial fue aprobar la primera resolución sobre la violencia contra la mujer, en 1985. Desde entonces diversos organismos dependientes de la ONU, como la Organización Panamericana de la Salud (OPS), han reconocido la violencia como un asunto prioritario. Como medida concreta, en 1994, la OPS puso en marcha el programa Mujer, Salud y Desarrollo. En el mismo sentido el Fondo de las Naciones Unidas para la Mujer (Unifem) ha publicado un importante documento que destaca el impacto de la violencia hacia las mujeres en el desarrollo socioeconómico.
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En el otoño de 1993 la Asamblea General de la ONU ofreció la primera definición oficial sobre la violencia contra la mujer al catalogarla como "todo acto de violencia de género que resulte o pueda resultar en daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, incluyendo la amenaza de dichos actos, la coerción o la privación arbitraria de la libertad tanto en la vida pública como en la privada".3 Igualmente se le considera una grave violación a los derechos humanos y un problema de salud pública. En México no es sino durante la presente década cuando se le empieza a prestar atención pública al crear leyes y estrategias. El camino por recorrer aún es largo, pero, lo importante, ya se trabaja en su desaparición.

1 Psicóloga clínica y psicoterapeuta familiar adscrita a la Clínica de Medicina Familiar Ignacio Chávez.
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Apodaca Rangel, Ma. de Lourdes, en "La violencia intrafamiliar contra la mujer en la Cd. de México". Rev. Psiquiatría, vol. II, No. 2, mayo-agosto, 1995.
3 ONU, Economic and social council, 1992.

Origen de la violencia intrafamiliar

* Desconocimiento, especialmente de las mujeres, de los derechos y las obligaciones, así como de los mecanismos legales que estipulan su vigencia y garantía.
* Reproducción de rasgos culturales que subordinan a las mujeres.
* Impunidad de los actos delictivos cometidos en los espacios íntimos y privados.
* Ineficacia, desinterés y corrupción en las instancias legales y judiciales para resolver las demandas de las mujeres que sufren algún tipo de violencia.
 * Problemas entre las instancias policial y judicial que obstaculizan las denuncias y su seguimiento.
* Incumplimiento de la legislación y ausencia de mecanismos e instituciones de protección a las víctimas.
* Aceptación social de las formas que asume la autoridad, el ejercicio y el abuso de poder de los hombres para controlar y subordinar a las mujeres.



INEGI/Unifem, La mujer mexicana, un balance estadístico al final del siglo XX, México, 1995.