Deportes

Soraya Jiménez levantó el aplauso de México

Leo Rivera Morales



La halterista Soraya Jiménez Mendívil, de 23 años de edad, es ya parte de la historia de las Olimpiadas. Al obtener la medalla de oro en Sydney, en la división de los 58 kilogramos tras levantar 222.5 kilos en total (95.0 de arranque y 127.5 de envión), se convirtió en la primera mexicana en abjudicarse una presea dorada en 68 años de participación de nuestro país en estos juegos desde Los Angeles 1932.

on esta victoria se une a las otras dos connacionales que conquistaron medallas olímpicas: la esgrimista Pilar Roldán y la nadadora Marieta Ramírez, quienes lograron plata y bronce en México 1968.
Soraya, hija de José Luis Jiménez y María Dolores Mendívil, tiene dos hermanos, José Luis, de 27 años, y Magali, gemela, de ella. La nacida el 5 de agosto de 1977 consiguió el triunfo para México en el segundo movimiento (envión) cuando levantó 127.5 kilogramos, que sumados a los 95 contabilizados en el arranque elevó la cifra a 222.5 kilogramos, con lo cual implantó récord olímpico en la halterofilia femenil, deporte que por primera vez aparece en el programa oficial de las Olimpiadas.

Ella tuvo como principal rival a la norcoreana Ri Song Hui, quien había tomado el mando en arranque con 97.5 kilogramos. Sin embargo, siempre concentrada, con un rostro que reflejaba la seguridad proporcionada por años de trabajo y alentada por su madre, su hermana, los directivos mexicanos y decenas de coterráneos que ondeaban nuestra bandera en el Centro de Convenciones del puerto de Darling, en el quinto continente, el 18 de septiembre Soraya salió dispuesta a todo.

Con sus 1.54 metros de estatura y 56.92 kilogramos de peso ansiaba ganar la presea con que durante seis años soñó en el viejo gimnasio del Centro Deportivo Olímpico Mexicano (CDOM) y en el transcurso de las largas estadías y los campamentos hechos en Bulgaria con su entrenador, Gheorgui Koev. Comenzó la batalla al soportar 117.5 kilos, un registro alcanzado también por la tailandesa Suta Khassaraporn, pero quien al final únicamente se quedó con el bronce con un total de 210 kilos cargados.

La norcoreana, poseedora del récord mundial de la especialidad con 130 kilos, no quería verse opacada por la mexicana y alzó la barra de 120, con lo cual se ubicó al frente de la contienda. Mas llegó el momento crucial y Soraya aguantó 122.5 kilos. Luego, en su turno, Song sobrepasó el tiempo reglamentario de 10 segundos y los jueces declararon nulo el levantamiento. En su segunda y última oportunidad la asiática hizo el peso y sumó 220 kilos. Cedió el paso a Jiménez, quien alzó la barra en 127.5 kilos para totalizar 222.5 kilogramos, con lo que se llevó la presea dorada y la admiración de millones de mexicanos.

No obstante haber pasado un tanto inadvertida por los medios de comunicación antes de su victoria, nuestra compatriota contaba ya con un destacado historial que la instalaba en el octavo casillero mundial. Fue seis veces campeona nacional en la división de 58 kilogramos. Entre sus éxitos internacionales sobresalen el tercer puesto en el Mundial Juvenil de Estados Unidos 1994; el primer sitio en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, en Maracaibo, Venezuela 1998; el primer lugar en los Juegos Norceca de Puerto Rico; la tercera posición en los Juegos Panamericanos de Winnipeg 99; el octavo lugar en el Campeonato Mundial de 1999; el segundo puesto en el Mundial Universitario en Canadá 2000 y los primeros lugares en los Juegos Nacionales Grecia 2000, en los Nacionales Bulgaria 2000 y en los Juegos Norceca de EU 2000.

La ahora campeona olímpica sostiene que fue gracias a la ayuda de un ángel como pudo conquistar la victoria. Este ángel se llama Tomás Mendívil Ortiz, su abuelo, fallecido recientemente, a quien prometió que regresaría a México con una medalla.

Fuera del deporte Soraya es una joven normal. Sus mayores placeres culinarios son el pozole y las pastas; aunque también son sus grandes tabúes, pues antes o durante las competencias no puede comer carnes ni grasas, de manera que su dieta previa a una justa sólo se compone de un poco de carne para aumentar la cantidad de proteínas, agua y electrolitos.

Ante la subestimación persistente hacia el sexo femenino expresa muy segura: “A las mujeres les digo que practiquen el levantamiento de pesas. El rechazo social se ha roto. La gente y las chicas creen más en este deporte, han visto que no hay ninguna deformación o algo por el estilo. Ojalá lo hagan y lo hagan de corazón. Me gusta ver mujeres en esto, pero no porque yo sea un ejemplo. Lo importante en este o cualquier deporte es que quien lo practique lo haga sin perder su identidad”.

Empero admite que arriesga su juventud en favor de la gloria olímpica: “El tiempo dedicado a mi vida social es muy corto. De vez en cuando salgo al cine o a bailar con mis amigos, aunque ellos saben que mi tiempo no es mucho y lo entienden”.

Su padre afirma que ella tiene un carácter muy fuerte heredado de la madre. Sin embargo dice que la pesista siempre ha sido muy sencilla y que el dinero recibido hasta ahora y el que obtendrá por sus triunfos —se hará acreedora a un estímulo de 50 mil dólares y a una beca vitalicia de unos 4 mil 500 pesos mensuales— “se los administro de la mejor forma posible y creo que no le ha ido nada mal”.

Manifiesta que su hija cumplió con un excelente examen profesional en los Juegos Olímpicos y una vez que “se limpie las rodillas” decidirá si continúa en las pesas o regresa a sus estudios de derecho.

  LA HALTEROFILIA
El levantamiento de pesas o halterofilia, que antiguamente formaba parte de la gimnasia, es hoy una actividad independiente que cuenta con una federación internacional. Consiste en alzar una barra en cuyos extremos hay dos discos de acero del mismo peso.

Este deporte asombra a muchos escépticos que consideran que una prueba de fuerza tal es ajena al hombre —o la mujer— común y corriente. Ningún deportista ha sido contemplado con tanta ironía como el halterista; sin embargo, la técnica deportiva ha logrado precisar la utilidad de las pesas.

Se ha comprobado una mentira: que las pesas disminuyan la velocidad del movimiento muscular; pues, por el contrario, la aumentan. No amenazan con sobrecargar el trabajo del corazón, sino que lo habitúan a contraerse de forma más adecuada a la fatiga que deberá afrontar durante el ejercicio. Nadadores, decatlonistas, lanzadores de martillo, tenistas y velocistas, entre otros, han comenzado a entrenar con pesas.

No obstante, más que de descubrimiento, puede hablarse de un regreso de esta actividad. Las pesas usadas por los atletas de ahora poseen funciones análogas a las de las antiquísimas pesas manuales de los griegos. Estas pesas o halteras eran fragmentos de plomo de casi un kilogramo de peso.

En la época moderna las reglas olímpicas determinan tres movimientos:

1) El tiempo.—Desde que el atleta se coloca ante la barra con los pies separados entre sí unos 40 centímetros, toma la barra con los pulgares hacia dentro, la levanta, la reposa contra el pecho y la endereza, sosteniéndola durante dos segundos como mínimo. Aunque en las Olimpiadas de Sydney el tiempo empezaba a correr desde que los jueces daban aviso al halterista.

2) La arrancada.—Partiendo de la misma posición, la barra se levanta, con un solo impulso y flexionando las piernas en tijera, a la posición vertical de los brazos.

3) La fuerza.—Es el movimiento en que, levantada la barra a la altura de las clavículas, el atleta se endereza formando con los pies una sola línea, con lo que luego alzará la barra a la extremidad de los brazos extendidos.

Todo participante tiene derecho a tres pruebas. A efectos de clasificación se toma en cuenta el mejor resultado. Si el atleta falla una de las pruebas tiene derecho a repetirla o bien proseguir con el propósito de buscar una puntuación mayor. El competidor que intenta una prueba superior a dos kilos y medio a la anterior termina el ejercicio, a menos que yerre, en cuyo caso tiene derecho a repetirla con la misma puntuación.

Los ejercicios son supervisados por tres árbitros, quienes señalan con una bandera blanca las pruebas válidas y con una roja las nulas. Dos banderas blancas y una roja confirman la prueba, mientras dos rojas y una blanca la anulan.

Se instituyen categorías según el peso de los atletas: gallo (hasta 56 kilos), pluma (hasta 60 kilos), ligero (hasta 67.5 kilos), medio (hasta 75 kilos), semipesado (hasta 82.5 kilos), pesado ligero (hasta 90 kilos) y pesado (más de 90 kilos).