Sufren de osteoporosis 5.4 millones de mexicanas

Con programas preventivos busca el ISSSTE paliar la enfermedad

Guillermo Pimentel B.
a osteoporosis, cuyos antecedentes se remontan a varios siglos atrás, no ocasiona la muerte, pero sí condiciona a una paulatina incapacidad e invalidez, sobre todo en las mujeres -ataca a una de cada tres o cuatro de entre 40 y 45 años de edad-, mientras en los varones el promedio es uno por cada siete u ocho. Generalmente se presenta en personas mayores de 60 años.

Los elevados índices registrados a nivel mundial en los últimos diez años originaron una enorme preocupación, la cual derivó en el desarrollo de investigaciones que permitieron incluir tratamientos alternos, así como incorporar programas preventivos, cuya finalidad reside en concientizar sobre las precauciones y los riesgos.

En México, según estudios de la Secretaría de Salud y el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), 5.4 millones de mujeres sufren de osteoporosis y en el próximo lustro el número se incrementará en un millón 200 mil.

Con base en estos reportes Jesús Francisco Waliser Duarte, jefe de Endocrinología del Centro Médico Nacional 20 de Noviembre, del ISSSTE, advierte que para el año 2003 este mal se erigirá en uno de los diez problemas de salud más importantes en nuestro país.

"No respeta sexo ni clases sociales y tiene alta incidencia tanto en países del primer mundo como en los que están en vías de desarrollo, especialmente en poblaciones urbanas", indicó.

Causas
Los especialistas califican a la os-teoporosis como una enfermedad multifactorial. Ciertamente, la causa principal es de orden genético, pues 80 por ciento de la masa ósea que constituye al organismo se transmite genéticamente. Por tanto, desde las primeras etapas de desarrollo el calcio juega un papel decisivo en la dieta y es un nutriente indispensable en la edad adulta.

Los antecedentes familiares pueden considerarse factor de riesgo para la aparición del padecimiento en futuras generaciones. Paralelamente los especialistas han detectado causas inherentes que propician el surgimiento, las cuales se encuentran asociadas a hábitos alimentarios, como el excesivo consumo de café, refrescos de cola, chocolates, nueces, té negro, tabaco y alcohol.

El sedentarismo, prevaleciente en las poblaciones urbanas, es catalogado como un tercer factor de riesgo. La falta de ejercicio repercute en la progresiva pérdida de masa ósea. Estos son los factores de riesgo más significativos; no obstante, la presencia de la osteoporosis en la mujer obedece a otras razones, como las asociadas al mecanismo de desajuste hormonal evidenciado durante la menopausia, con una progresiva disminución de estrógeno, sustancia vital encargada de reactivar el tejido de los huesos.

Adicionalmente la mujer encara otros problemas que desencadenan este mal, como la ausencia de embarazos, o bien proporcionar leche materna a más de dos hijos por más de seis meses.

El hueso, tejido vivo
Se creía que el hueso era una masa inerte y sin vida, pero ahora los médicos advierten lo contrario: se trata de un tejido vivo que se regenera permanentemente; esto es, se reconstruye y remoldea. Es un proceso presentado a lo largo de la vida del individuo, el cual implica sustituir fragmentos viejos por nuevos.

La osteoporosis frena el mecanismo de regeneración de tejido óseo, por lo cual, al no renovarse las células, este desequilibrio desencadena una severa pérdida de la masa ósea. El abuso en el consumo de tabaco, alcohol, cafeína y ciertos alimentos impide el desarrollo de las células formadoras de la epidermis de los huesos.

Tratamientos
Por fortuna se cuenta con métodos de diagnóstico temprano que permiten prevenir este mal, como el análisis denominado densitometría ósea, consistente en medir la densidad del hueso en diversas regiones del esqueleto, así como en su conjunto. De esta manera los especialistas obtienen una lectura precisa, en gramos y por centímetro cuadrado, de cada una de las estructuras del sistema óseo.

Como estudio complementario se utilizan marcadores bioquímicos, que inyectados directamente en la sangre permiten saber a qué velocidad se está formando o, en su caso, destruyendo el hueso. La aplicación conjunta de éstos, adicionalmente, proporciona el estado metabólico que la persona tendrá en 20 años. Sin embargo, los trabajos de investigación en materia de prevención, diagnóstico y seguimiento de esta enfermedad aún no terminan.