EQUIDAD
Y
GÉNERO



Más de un millón de mujeres trabajan en el gobierno

Son un factor fundamental en las actividades, en la que representan el 48%

La mujer que trabaja en el sector público afiliado al ISSSTE, en términos generales, pertenece al medio urbano, con mayor escolaridad que el promedio nacional, menos hijos y un sueldo mensual de 3.13 salarios mínimos; es jefa de familia en una tercera parte.

n su libro La trabajadora al servicio del Estado: realidades y desafíos la maestra Rocío Huerta Cuervo, secretaria técnica de la Dirección General en Políticas de Género y Equidad del ISSSTE, afirma: "Las mujeres representan un 48 por ciento de la fuerza laboral del gobierno federal, lo cual las convierte en un factor fundamental en las actividades que realiza el Estado, en la continuidad del funcionamiento de la administración pública y en la ejecución de los programas".

Por ello "ubicamos la perspectiva de género como un instrumento de fortalecimiento institucional, a la vez que motor para alcanzar la equidad".

Y explica: "Se entiende por enfoque de género aquél que permite ubicar las diferencias sociales, laborales, familiares y físicas entre hombres y mujeres, las causas y las realidades que las originan y reproducen, asociando éstas con la cultura y las costumbres y vinculándolas a la construcción de la equidad."

La feminización del mercado de
trabajo y del empleo público

En su "trabajo exploratorio" expone que, según datos del INEGI, en 1970 la tasa de participación femenina dentro de la población económicamente activa (PEA) era de 17.6%, y para 1996, de los 36.6 millones de mexicanos que conformaron la PEA, una tercera parte -12 millones (32.7%)- eran mujeres, lo que supone que en un periodo de 26 años la presencia de las damas dentro del mercado laboral casi se duplicó.

Este proceso de incorporación creciente y mantenido de las mujeres al empleo extradoméstico se relaciona con las crisis sexenales recurrentes, que han obligado al "apoyo" femenino en los hogares, pero también a un aumento en el grado de escolaridad, a la urbanización y, más que nada, a la percepción de la mujer frente al trabajo.

La llegada masiva de la mujer al empleo extradoméstico se manifiesta en el sector servicios en la década de los años 70, cuando esa área creció de manera impresionante. Es en este ámbito en el que se circunscriben las actividades que lleva a cabo el sector público.

La influencia de la urbanización y el mayor grado de escolaridad de la mujer se evidencian en el cambio de la composición de la participación femenina en el sector servicios. Un ejemplo lo son las trabajadoras domésticas, las cuales en 1970 constituían el 29% de la PEA y para 1997 representaron sólo el 11.4%.

En cuanto a instrucción escolar, en 1970 sólo 66.8% de las mujeres de entre 6 y 14 años sabía leer y escribir; en 1999 el porcentaje había llegado al 87%.

La segregación laboral
Hasta ahora las actividades femeninas en el hogar han sido ignoradas: no tienen la suficiente visibilidad social o bien no gozan de un reconocimiento justo y expreso.

Sin embargo existe una situación prácticamente equilibrada en cuanto a la participación de hombres y mujeres dentro del sector público. De un total de dos millones 288 mil 980 trabajadores, un 51.8% son hombres y un 48.2% mujeres.

Pero podría persistir una segregación ocupacional que se plantea en dos preguntas: ¿por qué las mujeres haciendo lo mismo que los hombres ganan menos? ¿Por qué les es más difícil alcanzar puestos de jerarquía?

Se argumenta la falta de escolaridad o de experiencia laboral, pero en realidad el problema reside en las pautas de división social del trabajo que colocan a la mujer en la posición tradicional del trabajo reproductivo y en el ámbito del cuidado del hogar y la familia. Asimismo las creencias culturales, los obstáculos informales de empleo, la socialización y la preparación para el trabajo, las responsabilidades familiares y la estructura ocupacional contribuyen al problema de la segregación laboral femenina.

La maestra Huerta Cuervo resalta que en las últimas décadas algunas áreas gubernamentales han tenido significativos cambios en composición laboral. Del total de los trabajadores al servicio del Estado afiliados al ISSSTE, las mujeres siguen teniendo un peso relevante e incluso lo han fortalecido -hasta llegar a un 58%- en las áreas de educación y salud.

En la Secretaría de Marina; el Instituto de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias; Caminos y Puentes Federales de Ingresos; Servicio Postal Mexicano, Procuraduría General de la República y Secretaría de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca el predominio es masculino.

Debe subrayarse, dice, el caso de la Secretaría de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca, la cual tiene una población laboral masculina de un 73%. Pero en los centros de estudio de las ciencias naturales aproximadamente el 45% son mujeres, y de los proyectos de investigación aprobados el 75% lo encabezan mujeres, lo que no corresponde con la composición de la Semarnap.

Las instituciones con participación mayoritaria femenina son el Tribunal Superior Agrario, con un 52.88%; el Poder Judicial de la Federación, con 57.44%, y el Tribunal Fiscal de la Federación, con un 63.04%.

Trabajadoras clasificadas por grupo de edad

 Grupos de edad

Absoluto

 %

 15-19
20-24
25-29
30-34
35-39
40-44
45-49
50-54
55-59
60-64
65 y más

2,371
47,680
127,834
196,261
239,575
192,309
124,993
69,551
32,097
14,818
16,007

 .22
4.40
13.64
18.11
22.11
17.74
11.54
6.42
2.96
1.37
1.48

 Total

1'063,496

99.99


Si bien en los grandes porcentajes la participación del hombre y la mujer que trabajan al servicio del Estado se encuentra equilibrada, las funciones que realizan dentro de la administración y los organismos públicos se hallan determinadas por la persistencia de estereotipos de género que condicionan a la mujer a desempeñar actividades que son prolongación de los tradicionales roles en el hogar.

Sólo recientemente se observa una mayor presencia de las mujeres en cargos directivos y de toma de decisiones, amén de su incursión en áreas usualmente masculinas.

Los salarios
En el documento La trabajadora al servicio del Estado: realidades y desafíos se establece que del total de servidores públicos 154 mil 895 (el 6.95%) obtienen siete o más salarios mínimos. De ellos sólo el 38% son mujeres.

Ambos grupos intervienen de manera semejante en los puestos ubicados en los rangos más bajos de salarios, no así en lo relativo a mandos medios y superiores. Es aquí donde se hacen más evidentes las diferencias entre hombres y mujeres. Los cargos de mayor responsabilidad y mejores ingresos los ocupan mayoritariamente los varones.

Diversos estudios -asegura la escritora- han corroborado la correlación positiva existente entre los niveles de escolaridad y el ingreso.

Quizá por ello el 80 por ciento de las trabajadoras al servicio del Estado gana de 1 a 4 salarios mínimos, 14.6% entre 4 y 7 mínimos y sólo el 5.36% más de 7. El ingreso per cápita mensual de las trabajadoras afiliadas al ISSSTE es de 3 mil 236.58 pesos; esto es, 3.13 salarios mínimos.

Cabe señalar que este ingreso es mayor al promedio alcanzado por el grueso de las mujeres asalariadas del país, que es de mil 121 pesos al mes.

Los trabajadores ubicados como mandos medios y superiores representan el 6.95 por ciento, del cual las mujeres constituyen el 2.64%, lo que significa una relación cercana al 3 por 1.

Distribución por sexo en algunas secretarías de Estado

Secretarías

1975

1999

Hombres

Mujeres

Hombres 

 Mujeres
Salubridad (hoy Salud) 

49.53

50.47

47.28

52.72
Educación Pública

50.10

49.90

46.94

53.05
Trabajo y Previsión Social

58.12

41.88

48.50

51.49
Relaciones Exteriores

61.21

38.79

51.28

48.72
Industria y Comercio

62.46

37.54

49.77

50.22
Reforma Agraria

66.92

33.08

54.42

45.57
Hacienda y Crédito Público

67.34

32.66

52.70

47.29
Gobernación

69.04

30.96

61.96

38.04
Comunicaciones

83.06

16.94

74.12

25.88
Agricultura

84.47

15.53

71.65

28.35

La mujer que labora al
servicio del Estado

Las mujeres trabajadoras al servicio del Estado están compuestas en un 22% por aquéllas que van de los 35 a los 39 años. Un 18.11% va de los 30 a los 34 años y una tercera franja de los 40 a los 44 años, que equivale al 17.74% del total.

Por otro lado -escribe Huerta Cuervo- casi el 65% de las jubiladas son menores de 65 años; esto es, mujeres que, de acuerdo con el perfil de salud nacional, mantienen todas las capacidades para desempeñar las más diversas actividades.

Respecto del estado civil de las empleadas federales, las casadas sobresalen con un 55.2%.

Pero si sumamos el número de madres solteras (5.8%), de viudas (4.1%) y de divorciadas (9.2%) con el de las mujeres que viven en unión libre y su pareja es desempleada o con empleo inestable (3%) y simismo con el de las trabajadoras cuyos esposos están desempleados (5%) tendremos que un 28% de ellas es sustento básico de la economía familiar.

Las jefas de familia son más frecuentes entre los sectores más pobres, en los que existe un alto desempleo masculino; entre los estratos medios y altos, en los cuales la mujer posee niveles superiores de educación y se desempeña como profesional o en posiciones directivas, y también, y ése es el caso de las afiliadas al ISSSTE, entre mujeres separadas y divorciadas y madres solteras con niveles medios de educación y seguridad en el empleo público.

Cabe hacer notar que la entidad con más trabajadoras al servicio del Estado es Guerrero, con un porcentaje de 10%, superior a la media, de 4.1%.

Fecundidad
Por otro lado, el 52% de las empleadas no tiene hijos, el 19% sólo uno, el 17% dos, el 9% tres, el 2% cuatro y el 1% cinco o más.

Destaca que aun cuando el 81.73% de las mujeres trabajadoras afiliadas al ISSSTE cuenta con 30 años o más, el 52% no tenga hijos, lo que nos habla de:
1. La mujer y su pareja retrasan la procreación después de unirse.
2. La maternidad no es destino en caso de algunas mujeres.
3. En el sector público el mayor porcentaje de mujeres incorporadas no tiene hijos.

Educación
Rocío Huerta expone que los niveles educativos de las mujeres trabajadoras al servicio del Estado son superiores con relación a la PEA femenina total. Su ubicación en las zonas más densamente pobladas y las políticas de salud reproductiva y planificación familiar a las que tienen acceso podrían explicar parcialmente esta situación.

También incide en ello la incompatibilidad entre las funciones de madre y trabajadora que la mujer debe desempeñar, lo cual obliga a poner en competencia ambos roles, con lo que disminuye la fecundidad o no se participa en el mercado laboral.

Según este documento la mujer trabajadora sigue cumpliendo, en la mayoría de los casos, el grueso de las labores para la marcha de la familia, como son los quehaceres de limpieza, alimentación y cuidado de los hijos.

Sólo el 3.9% de los hombres incorporados al trabajo apoya en casa. En cambio el 90.5% de las mujeres empleadas realiza labores en el hogar.

Las mujeres cuentan con una escolaridad promedio de 11.6 años, aproximadamente cuatro años por arriba de la media nacional, que es de 7.7 años.

Salarios por sexo en el sector público

Mandos medios y superiores

Salarios mínimos

 %
trabajadoras

  %
trabajadoras

7a 8
8 a9
9 a10
10 o más

12.22
10.01
5.38
10.37

16.63
13.72
9.93
21.56
 Total

 37.98

 61.84

Los riesgos de trabajo
El Programa Nacional de la Mujer llama la atención en cuanto a la necesidad de atender la salud laboral femenina al afirmar: "La presencia cada vez mayor de las mujeres en la actividad económica, que se concentra principalmente en algunas ramas manufactureras, el sector servicios y el mercado informal, las expone a factores de riesgo laboral, que se traducen en accidentes y enfermedades profesionales femeninos".

"Los múltiples papeles desempeñados por las mujeres, con frecuencia evidenciados en la doble jornada de trabajo, tienen efectos sobre la salud y se reflejan en fatiga y fuerte desgaste físico".

En el sector público entre 1994 y 1998 ocurrieron 12 mil 173 riesgos de trabajo; de ellos las mujeres sufrieron el 60% y los hombres el 40.

Pero también es importante subrayar que el 57% de las incapacidades es de hombres, así como el 89.6% de los decesos. Quizá en este último aspecto radique la diferencia más significativa, pues por cada nueve defunciones masculinas sólo hay una femenina.

Las mujeres trabajan más horas que los hombres, pero en las empleadas federales esta situación se agudiza por el incremento de hogares con jefatura femenina, que alcanza el 28%.

La institución con mayor incidencia de riesgos es el ISSSTE, con el 19.85%; le siguen la SEP, con 15.24%, y la Secretaría de Salud, con 12%. En estas instituciones las mujeres son principales sujetos de riesgos de trabajo, con el 77%.

Los cambios en el ISSSTE
En el ISSSTE, institución dedicada a proporcionar seguridad social a los trabajadores al servicio del Estado, así como a pensionados y jubilados de este sistema, el enfoque de género se incorpora en cada una de las áreas. Veamos:

1. Las estadísticas institucionales incluyen ya la variable sexo, con el propósito de conocer con precisión las características diferenciadas de la población trabajadora y derechohabiente.

2. Se reformó el Reglamento de Estancias de Bienestar y Desarrollo Infantil. (Anteriormente, en su artículo sexto, señalaba: "Serán beneficiarios del servicio las madres trabajadoras, los padres trabajadores, viudos o divorciados, que tengan la patria potestad del niño, en tanto no contraigan matrimonio o entren en concubinato, y los tutores que así lo acrediten, que se encuentren bajo los siguientes puestos…" Con ello se buscó eliminar el requisito de haber contraído nuevo matrimonio, anteponiendo el derecho de los infantes a recibir una atención integral independientemente del estado civil de los padres.

3. Se creó la Comisión Interna para la Promoción y el Ingreso del Personal de Confianza, con el objetivo de establecer normas para que en la promoción del personal de confianza hombres y mujeres tengan las mismas oportunidades.

4. Ha sido implantada una estructura que promueve el enfoque de género y equidad. Así se ha nombrado, en cada una de las delegaciones del ISSSTE, una coordinadora de políticas de equidad y género con el fin de elaborar, evaluar y ejecutar los programas institucionales, las necesidades y las aspiraciones de las mujeres.

5. En 1999 el Instituto inició las acciones de sensibilización y capacitación dirigidas a mandos medios y superiores, responsables de los procesos de toma de decisiones.

Créditos
Durante 1999, en materia de prestaciones económicas, de los créditos a corto y mediano plazos, complementarios, especiales a jubilados y turísticos el 52.26% se destinó a las trabajadoras al servicio del Estado.

En lo concerniente a créditos hipotecarios el 60% de los utilizados para vivienda se canalizó a mujeres.
En atención a la salud cabe citar que la mujer es la principal usuaria de los servicios médicos otorgados por el Instituto.

Salarios de las trabajadoras

 Salarios mínimos

 %
trabajadoras

 1
1-2
2-3
3-4
4-5
5-6
6-7
7-8
8-9
9-10
10

 6.01
19.28
37.23
17.87
5.72
5.43
3.00
1.75
1.43
.70
1.48

 Total

 99.9

Destaca la reformulación del Programa de Salud Reproductiva dirigido a las y los adolescentes, instaurado para proporcionar servicios de calidad a este grupo, a fin de mejorar su salud sexual y reproductiva.
Sigue siendo la mujer la principal responsable del empleo de métodos anticonceptivos y, por tanto, del descenso de las tasas de fecundidad.

La promoción y el estímulo al desarrollo infantil se basan en tres aspectos fundamentales: la identidad personal, la interacción con el medio físico y la interrelación con el medio social. Ello contribuye a que las niñas reconozcan sus funciones orgánicas esenciales y se descubran a sí mismas, motivándolas de esta manera a actuar creativamente.

Vale la pena asentar que durante 1999 las Estancias de Bienestar y Desarrollo Infantil atendieron a 28 mil 329 niños y que a partir de este año, por instrucciones de la directora general, Socorro Díaz, ese número se elevará a 50 mil, lo que resultará trascendental por el apoyo que representa para las madres trabajadoras.