Equidad y Genero

Hacia un liderazgo femenino

Rosa María Orozco


En Estados Unidos un estudio -de seguimiento y evolución de las empresas más exitosas de ese país y, en buena medida, del mundo- realizado en 1992 por la revista Fortune arrojó los siguientes resultados: de 500 empresas sólo en una estaba en el timón una mujer. Asimismo, de 6 mil 502 altos cargos únicamente 175 eran desempeñados por mujeres.

obre la base de este análisis la organización Mayoría Feminista dio a conocer que el pronóstico, conforme a la tendencia, era que las mujeres tardarían, al menos, 475 años en alcanzar el mismo nivel que el hombre en la ocupación de altos puestos.

No obstante, un examen detallado de los organigramas de las compañías estudiadas evidenciaba que, en los últimos 10 años, después de los 20 mandos ejecutivos más importantes, las mujeres se encontraban al frente en un 50 por ciento. De haber efectuado un estudio desde esta perspectiva, los resultados hubieran mostrado un escenario completamente distinto: la viabilidad de un cambio sustancial, apenas en 10 años. Esto significa que para los años 2000 y 2002 la mayor parte de este 50 por ciento de mujeres estará lista para dar el salto a los sitios más elevados de liderazgo empresarial.

Según Regina Herzlinger, catedrática de Harvard Bussines School, las mujeres de la generación de la posguerra cuentan ahora con cinco a seis lustros de experiencia empresarial, por lo que hacia el año 2010, inevitablemente, comandarán las grandes empresas estadounidenses.

Si las mujeres, en una sustantiva proporción, tienen como futuro ser líderes empresariales, las preguntas serían: ¿habrá un común denominador para el desempeño del liderazgo femenino? y ¿le impondrán características propias?

Hasta los años ochenta se creía que, aunque imperfecta, la estructura piramidal en las organizaciones era insustituible.

En este ambiente, y con el sexo masculino no dispuesto a hacer concesiones, la mujer se vio obligada a elaborar su propio esquema de liderazgo. En la mayoría de los casos recurrió a estilos masculinos de mando.

Sin embargo, hacia 1985, los conocedores del tema percibieron que el trabajo de las organizaciones del porvenir estaría estructurado en redes, en las que la responsabilidad del gerente sería propiciar un entorno favorable para la realización personal.

En la evolución experimentada por las organizaciones los sujetos más creativos llegaron a la conclusión de que los elementos esenciales para avanzar hacia el cambio indispensable son básicamente dos: 1) un clima creativo y con libertad y 2) un líder que apoye.

De acuerdo con los expertos las características del nuevo líder deben ser: franqueza, confianza, capacitación permanente, compasión y comprensión, elementos que las mujeres han incorporado a su estilo de liderazgo, el cual reemplaza al arquetipo de la pirámide tipo militar.

Quizás sea exagerado decir que el liderazgo de mañana está naciendo exclusivamente en el género femenino, pero hay razones de peso y suficientes evidencias para pensar en que se están configurando nuevos paradigmas en los que la mujer se encuentra mejor preparada porque en esta oportunidad no tendrá que vencerse a sí misma y a sus prejuicios para incursionar en las nuevas perspectivas ofrecidas a ella por el mundo laboral.

En este sentido sería prudente que el género masculino comience a recapacitar en pensamientos como los del especialista en liderazgo Tom Peter, quien aconseja a los hombres que deseen conservar sus empleos analizar la forma como dirigen las mujeres.

De todo lo anterior podría argumentarse que se hace referencia a una sociedad que no es la mexicana. Pero también es cierto que la diferencia al respecto son, probablemente, la extensión y la profundidad del cambio, no su tendencia y dirección. Sin duda, la globalización nos impulsa fuerte e inevitablemente en ese sentido.